10 diciembre 2009

Los girasoles (1888)

Sin duda, Los girasoles de Van Gogh simbolizan la amistad, por eso los elegí como última entrada de año. Les deseo una Feliz Navidad y un mejor comienzo de 2010.

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ACERCA DE LOS GIRASOLES 1888 (National Gallery, Londres)-jarrón con 14 girasoles-es la más famosa serie de las naturalezas muertas de Van Gogh. La pintó en Arles mientras esperaba la llegada de Gauguin con la intención de que decorara su cuarto de huéspedes, que preparaba para su amigo. Para Van Gogh el amarillo de las flores representaba la amistad y la esperanza, mientras que la forma de abrirse “simbolizaba la gratitud”.
El cuadro está realizado con la técnica del “empaste”-asociada con Van Gogh-, que produce un sorprendente efecto tridimensional, como si los colores surgiesen de la tela. La pintura muestra una magnífica simplicidad, flores de una sola clase en primer plano. Las líneas, firmes y simplificadas, y el color, denso y brillante. El amarillo, el Sol, también se expresa en estos girasoles.

06 diciembre 2009

ÚLTIMO RESPLANDOR

SIEMPRE es conmovedor el ocaso
por charro o indigente que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumba la llanura
cuando en el horizonte nada recuerda
la vanagloria del poniente.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta,
que es una alucinación que impone el espacio
el unánime miedo de la sombra
y que cesa de golpe
cuando notamos su falsía,
como se desbarata un sueño
cuando el soñador advierte que duerme.
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Jorge Luis Borges. Obra poética. 1923-1967. Editorial Emecé
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28 noviembre 2009

CHARLIE CHAPLIN

CHARLIE CHAPLIN (1889-1977). Cineasta y actor estadounidense. Chaplin hace reír caricaturizando los defectos de la sociedad.

Charlot nace en un rincón pobre de Londres, Kensington road, el 16 de abril de 1889. Sus padres, Hannah y Charles, son actores ambulantes y forman un dúo cómico. Pero no había de qué reírse porque el padre es alcohólico, la madre se separa de él y Charlie parte a Estados Unidos mientras Hannah se queda sola. El padre volverá un año después, pero será para abandonar la familia.

A pesar de la adversidad, Charlie y su medio hermano, Sydney, son casi felices. Mientras su madre actúa en el teatro intentan aprender solos a hacer pases de magia: “Entonces un día me tragué medio penique y mi madre tuvo que llamar al médico”. Podemos reínos, pero no demasiado de todos modos.
Hanna pierde la voz cuando Charles tiene cinco años. Para ella se acaba la escena y ahí la tenemos como empleada a domicilio, cosiendo día y noche por muy poco dinero. Es la miseria: “Más de una vez cargamos sobre una carretilla los dos colchones, nuestras tres sillas de paja y los flacos bultos de nuestros pobres trapos. Partíamos en busca de otro alojamiento”.
Son tan pobres que los niños no pueden ni siquiera ir a la escuela. No hay de qué reírse. Pero Charlie recuerda: “Mi madre siempre se destacó en su medio y se mantenía atenta a la forma en que hablábamos, corrigiendo nuestras faltas gramaticales y dándonos la impresión de que éramos distinguidos”.

La familia tiene tan pocos recursos que deben ser admitidos en el hospicio de pobres en Lambeth. Además, la mamá se vuelve loca y las autoridades la internan en un asilo.
Ya era como un filme de Charlot. Los dos hermanitos se encuentran en un orfanato”…donde me enseñaron a escribir mi nombre, Chaplin. La palabra me fascinaba y me daba la impresión que se me parecía”.
Y después Sydney es enviado directamente a la marina. ¡Y uno no se divierte mucho en la marina inglesa!
Charlie, de apenas siete años se encuentra solo. En el orfanato la disciplina es estricta. Charlie resiste lo mejor que puede, a pesar de los castigos físicos. Es la famosa educación inglesa, la de latigazos en la espalda y las nalgas. Los buenos tiempos. Para retorcerse.
Charlie tiene nueve años cuando deja ese establecimiento siniestro. Felizmente, Sydney vuelve a Londres y no quiere volver a poner los pies en un barco. Y Hannah recupera a sus dos hijos: “Vivíamos en un cuarto miserable, por lo general no teníamos que comer. No teníamos zapatos. A menudo mi madre se sacaba los botines y uno de nosotros dos se los calzaba para correr hasta la olla popular y traer nuestra única comida del día”.

La continuación siempre es de una comicidad desopilante. A Hannah la internan de nuevo en el asilo, vuelve a salir y de vuelta a entrar. Cuando la mamá está entre dos crisis, se ocupa de la instrucción de sus hijos. Si no, cuando pueden, van a la escuela: “Lo que, de todos modos, significa un cambio, porque la presencia de otros niños me hacía sentir menos solo”. A Charlie, las clases no le interesan gran cosa. Para él, la historia por ejemplo, no es más que “violencia y perversidad, una sucesión de regicidios y de reyes que hacen matar a sus esposas, sus hermanos y sus sobrinos”.

Pero el destino acecha. Un día durante el recreo, Charlie recita para sus compañeros El gato de Miss Priscilla, un chiste que la madre les había enseñado: “El señor Reid, nuestro profesor, levantó la nariz de su trabajo y se divirtió tanto que, mientras todos volvían a sus lugares, me hizo repetir el cuento, que produjo tempestades de risa. Después de eso, mi reputación se extendió y, al día siguiente, me hicieron pasar de aula a aula, frente a los chicos y a las chicas, para recitar el monólogo. A los cinco años, ya había actuado para reemplazar a mi madre delante del público, pero, en rigor, era la primera vez que disfrutaba conscientemente de la gloria. La escuela se volvió un lugar apasionante”.

Charlie Chaplin tiene nueve años. Es pobre como su hermano y su madre está loca. El futuro no le sonríe. Además el pobre chico tiene asma.
Todavía no sabe que entrará en una compañía de teatro itinerante poco tiempo después, apenas un año, y conocerá a actores excelentes. Sobre todo, leerá mucho.
Todavía no sabe que es Charlot.
Y que se convertirá en el actor cómico más grande del siglo XX.
Uff. Ahora pueden sonreír.
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Y hablando de sonreír; en este mismo blog pueden leer un hermoso poema de Charlie Chaplin, que nos muestra como a pesar de tener una vida nada fácil, siempre se puede salir adelante y no debemos darnos por vencidos; y comienza con esta introducción.
"La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila
, llora y vive intensamente cada momento de tu vida, antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos..."
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Poema de Charlie Chaplin

Sobre su atuendo: Chaplin debe rodar Charlot y está contento consigo mismo...
Contento consigo mismo pero todavía no tiene traje. Chaplin entonces reúne con habilidad los accesorios que formarán la célebre silueta. Su idea es jugar con oposiciones: juntar un sombrero demasiado pequeño con zapatos inmensos, reunir un pantalón demasiado grande con un saco estrecho. Cuenta que desde que se vistió, las ropas y el maquillaje le hicieron sentir a Chaplin que verdaderamente era Charlot.
Y, dos molinetes de bastón más tarde, el personaje existe: "Es al mismo tiempo un vagabundo y un caballero. Quisiera hacerles creer que es un sabio, un músico, un duque, pero no desdeña recoger colillas ni robarle un pirulí a un bebe"
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Nota: Tomado del libro; Enciclopedia de malos alumnos y rebeldes que llegaron a genios. Editorial CATAPULTA CHILDREN ENTERT. 2007.

22 noviembre 2009

Marianne North "De flor en flor"

La historia de Marianne North (Inglesa 1830-1890) es a la vez excepcional y banal. Excepcional, ya que es una de las viajeras más grandes de la historia en cuanto a kilómetros recorridos.
Banal, puesto que fueron muchas las damas de la era victoriana que tomaron por asalto los continentes como ella, luciendo veletes y cuellos subidos, pertrecheadas con una sombrilla, con un caballete o un cazamariposas, y siempre con una renta suculenta y cartas de recomendación.
Todas ellas eran señoritas de mediana edad, recatadas y solidarias, díscolas y, sin embargo, muy sabias.

De flor en flor
Marianne tenía cuarenta años cuando se enfrentó a esa pregunta:
¿Qué voy a hacer ahora? Los años de juventud los había pasado ocupándose de la casa de su padre. Cuando éste falleció, el horizonte le pareció a la vez muy vacío y muy confortable. Tenía dinero, necesidad y ningún deseo de encontrar marido, y entonces se acordó que le había gustado mucho un viaje que había hecho a Tierra Santa con su padre. Así pues decidió repetir la experiencia. Pero cuando se es una inglesa en 1971, dejarse llevar por el capricho de la fantasía es indigno. Lo que importa es cobrar por la civilización y la humanidad. Ser misionera no la tentaba. Ni enfermera-ya había pasado los años más hermosos de su juventud cuidando a su padre. Pero no sabía hacer nada, salvo pintar flores, un pasatiempo que había encontrado para ocupar sus horas de cuidadora. ¿Pintar flores? ¿Por qué no?
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Organizada, emprendedora, decidida, como muchas de sus colegas, Marianne North decidió conquistar el mundo a su manera, apropiándose de todas las flores que contiene. Las reglas del juego eran no recogerlas, pintarlas siempre al óleo, y en su entorno natural. Los amigos de su familia la animaron, amigos como Charles Darwin, Francis Galton, Joseph Hooker…Todos ellos inminencias científicas. Acaso fueran tan entusiastas porque consideraban de buen gusto mantener ocupadas a las viejecitas, y porque no se imaginaban que la señora North pudiera ponerse en peligro plantando su caballete delante de los mejores hoteles británicos del planeta.
Seguro que se sorprendieron que les tomaran la palabra hasta ese punto. Una vez partida, Marianne ya no se detendría. Lentamente de año en año, de flor en flor, su comportamiento evolucionó del trabajo científico a la pasión devoradora-pasión por descubrir y pasión por pintar. En total, dio dos vueltas al mundo con amplios rodeos hacia el norte y hacia el sur cada vez. Tanto es así, que como su obra se acumulaba, financió, hizo construir y supervisó lo que enseguida se llamó la North Gallery, un edificio cuya única misión era albergar sus cuadros.
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La trotamundos nunca se arriesgó exageradamente. No tenía sed de absoluto y quería conservar el mayor tiempo posible el sobrenombre de tía Pop, como la llamaban sus sobrinos. Se instalaba delante de su objeto, una simple flor, y se dejaba absorber por su modesta misión. Podía ser en Borneo, en Ceilán, en Jamaica, en las Seychelles, en Australia, en Japón, en Chile, en Ciudad del Cabo…
Alababa el paisaje y los perfumes, daba gracias a sus anfitriones y saboreaba alimentos exóticos, pero jamás nadie la vio luchar contra un cocodrilo, ni atravesar unos rápidos en piragua; las fotografías “en faena” la muestran invariablemente sentada en su silla tijera, con los pies bien calzados y los ojos bien protegidos, inclinada sobre el lienzo con los dedos llenos de pintura.
Con todo, el resultado es hermoso y ciertamente titánico. En un viaje a Brasil pintó más de cien cuadros, en un viaje a la india doscientos…
Merece que su nombre perdure en la ciencia botánica. Además, cinco planas recibieron si nombre en su honor: Northea Sychellana, Nerpenthes northiana, Crinum northianum, Areca northiana, Kniphofia northiae, dos de las cuales descubrió ella misma.

Fueron precisos el reumatismo y el agotamiento para interrumpir sus viajes. Sensatamente, una vez más, aparcó lo baúles y los pinceles para morir en su lecho, en Gloucestershire, en agosto de 1890.
Pero sus flores son inmortales, como ella había deseado que fueran. La North Gallery sigue siendo una de las atracciones más visitadas de los Kew Gardens de Londres, con sus ochocientos treinta y dos cuadros pintados al óleo. La sensible evolución hacia un tipo de impresionismo muy personal es una conmovedora expresión del ardor de la viajera, así como de la búsqueda de la artista.

En las Seychelles Marianne se dedicó a pintar del natural un árbol desconocido, muy pronto clasificado con el nombre de Northea seychellana.
“Había muchos de esos árboles en la isla Curieuse. Se había trazado un sendero que conducía a uno de los más grandes.
Trepé a un montón de rocas que se elevaba detrás de él y me encaramé a su copa; mis amigos dispusieron un taburete para los pies colocando una piedra más abajo, fuera de mi alcance.
Coloqué el caballete sobre una hoja ancha en abanico y pude dibujar toda la masa de frutos y de brotes con una seguridad perfecta, si se exceptúa que el más mínimo espasmo o el menor falso movimiento habrían significado mi fin y el de mi dibujo.”
Memorias de Marianne North

Pintura superior: Panel pintado por Marianne North, que representa una plantación de té en Java en 1875.
Inferior: Postal de Ceilán.
Fuente: Libro; GRANDES AVENTURERAS-1850-1950. Editorial BLUME 2008
ALEXANDRA LAPIERRE-CHRISTEL MOUCHARD