De fl
or en flor Marianne tenía cuarenta años cuando se enfrentó a esa pregunta:
¿Qué voy a hacer ahora? Los años de juventud los había pasado ocupándose de la casa de su padre. Cuando éste falleció, el horizonte le pareció a la vez muy vacío y muy confortable. Tenía dinero, necesidad y ningún deseo de encontrar marido, y entonces se acordó que le había gustado mucho un viaje que había hecho a Tierra Santa con su padre. Así pues decidió repetir la experiencia. Pero cuando se es una inglesa en 1971, dejarse llevar por el capricho de la fantasía es indigno. Lo que importa es cobrar por la civilización y la humanidad. Ser misionera no la tentaba. Ni enfermera-ya había pasado los años más hermosos de su juventud cuidando a su padre. Pero no sabía hacer nada, salvo pintar flores, un pasatiempo que había encontrado para ocupar sus horas de cuidadora. ¿Pintar flores? ¿Por qué no?
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Organizada, emprendedora, decidida, como muchas de sus colegas, Marianne North decidió conquistar el mundo a su manera, apropiándose de todas las flores que contiene. Las reglas del juego eran no recogerlas, pintarlas siempre al óleo, y en su entorno natural. Los amigos de su familia la animaron, amigos como Charles Darwin, Francis Galton, Joseph Hooker…Todos ellos inminencias científicas. Acaso fueran tan entusiastas porque consideraban de buen gusto mantener ocupadas a las viejecitas, y porque no se imaginaban que la señora North pudiera ponerse en peligro plantando su caballete delante de los mejores hoteles británicos del planeta.
Seguro que se sorprendieron que les tomaran la palabra hasta ese punto. Una vez partida, Marianne ya no se detendría. Lentamente de año en año, de flor en flor, su comportamiento evolucionó del trabajo científico a la pasión devoradora-pasión por descubrir y pasión por pintar. En total, dio dos vueltas al mundo con amplios rodeos hacia el norte y hacia el sur cada vez. Tanto es así, que como su obra se acumulaba, financió, hizo construir y supervisó lo que enseguida se llamó la North Gallery, un edificio cuya única misión era albergar sus cuadros.
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La trotamundos nunca se arriesgó exageradamente. No tenía sed de absoluto y quería conservar el mayor tiempo posible el sobrenombre de tía Pop, como la llamaban sus sobrinos. Se instalaba delante de su objeto, una simple flor, y se dejaba absorber por su modesta misión. Podía ser en Borneo, en Ceilán, en Jamaica, en las Seychelles, en Australia, en Japón, en Chile, en Ciudad del Cabo…
Alababa el paisaje y los perfumes, daba gracias a sus anfitriones y saboreaba alimentos exóticos, pero jamás nadie la vio luchar contra un cocodrilo, ni atravesar unos rápidos en piragua; las fotografías “en faena” la muestran invariablemente sentada en su silla tijera, con los pies bien calzados y los ojos bien protegidos, inclinada sobre el lienzo con los dedos llenos de pintura.
Con todo, el resultado es hermoso y ciertamente titánico. En un viaje a Brasil pintó más de cien cuadros, en un viaje a la india doscientos…
Merece que su nombre perdure en la ciencia botánica. Además, cinco planas recibieron si nombre en su honor: Northea Sychellana, Nerpenthes northiana, Crinum northianum, Areca northiana, Kniphofia northiae, dos de las cuales descubrió ella misma.
Fueron precisos el reumatismo y el agotamiento para interrumpir sus viajes. Sensatamente, una vez más, aparcó lo baúles y los pinceles para morir en su lecho, en Gloucestershire, en agosto de 1890.
Pero sus flores son inmortales, como ella había deseado que fueran. La North Gallery sigue siendo una de las atracciones más visitadas de los Kew Gardens de Londres, con sus ochocientos treinta y dos cuadros pintados al óleo. La sensible evolución hacia un tipo de impresionismo muy personal es una conmovedora expresión del ardor de la viajera, así como de la búsqueda de la artista.
En las Seychelles Marianne se dedicó a pintar del natural un árbol desconocido, muy pronto clasificado con el nombre de Northea seychellana.“Había muchos de esos árboles en la isla Curieuse. Se había trazado un sendero que conducía a uno de los más grandes.
Trepé a un montón de rocas que se elevaba detrás de él y me encaramé a su copa; mis amigos dispusieron un taburete para los pies colocando una piedra más abajo, fuera de mi alcance.
Coloqué el caballete sobre una hoja ancha en abanico y pude dibujar toda la masa de frutos y de brotes con una seguridad perfecta, si se exceptúa que el más mínimo espasmo o el menor falso movimiento habrían significado mi fin y el de mi dibujo.”
Memorias de Marianne North
Pintura superior: Panel pintado por Marianne North, que representa una plantación de té en Java en 1875.
Inferior: Postal de Ceilán.
Fuente: Libro; GRANDES AVENTURERAS-1850-1950. Editorial BLUME 2008
ALEXANDRA LAPIERRE-CHRISTEL MOUCHARD